PINTURA ROMÁNICA

No obstante de que hoy en día, no se conservan grandes muestras de la pintura románica, en este período Románico, tanto la pintura mural como la realizada sobre tablas tuvieron gran auge.

Esta fue una época en la cual la pintura tenía mezcladas influencias de la tradición grecorromana, el arte bizantino, además de las culturas germanas y celtas y todo ello dentro del marco del cristianismo.

La pintura, así como la escultura fueron los medios preferidos para las instrucciones religiosas populares, en una época en donde la casi totalidad de la población era analfabeta. Incluso las iglesias más pobres cubrían sus paredes con historias bíblicas de brillantes colores y el efecto conseguido era espectacular, tal como se comprueba de las muestras pictóricas conservadas. El arte de la Iglesia occidental, aunque influenciado por el arte bizantino, como ya se indicó era más humano y menos místico, quizás para llegar más directamente al pueblo y cumplir con mayor calidad su función evangilizadora. las imágenes representadas en las paredes eran aceptadas por los feligreses con mucha mayor intensidad que el sermón pronunciado por el cura.

Los caracteres de la pintura mural son similares a los de la escultura, ambas eran eminentemente monumentales, en el sentido de que se integran a la arquitectura y siguen las reglas del espacio geométrico que le corresponde. Ambas están concebidas para dar realce al edificio.Tal es así, que podría decirse que una iglesia no estaba terminada hasta que sus paredes estaban íntegramente decoradas.

Basílica de San Isidoro de León (España). La Capilla Sixtina del Románico

Basilica de San Isidoro de León (detalle)

Pero las artes plásticas no sólo se realizaban con la finalidad de embellecer el edificio, sino con la misión de adoctrinar a los fieles en las creencias cristianas. En este sentido cobran vida las palabras del papa Gregorio, el Grande " La pintura puede ser para los iletrados lo mismo que la escritura para los que saben leer..." Dada la finalidad didáctica de la composición, el artista asumía una actitud de despreocupación por la belleza natural, siendo más interesante la expresión de ideas que glorificaran los valores de la cristiandad. En verdad los artistas del medievo no se proponían crear una imagen bella, sino que deseaban comunicar un mensaje, expresar una idea o un sentimiento.

En relación con la función didáctica se observa en los artistas del medioevo un gran respeto por la iconografía cristiana, de tal manera que ellos reflejaban en su obra una serie de símbolos entendidos o percibidos por los fieles.
La noción de un artista original, no era compartida en el medievo; los artistas se servían de modelos existentes para planificar o representar una escena bíblica y la iglesia reclamaba que la obra encargada se ejecutara de una forma semejante a la ya lograda exitosamente, respetando los símbolos descriptivos de una persona o de un hecho. Todo cuanto perteneciera a la Iglesia tenía su función especifica y debía responder a una idea concreta relacionada con el adoctrinamiento de la fe. Así por ejemplo los símbolos de los cuatro evangelistas: el león para San Marcos, el ángel para San Mateo, el toro para San Lucas y el águila para San Juan se originan por la visión de Ezequiel en el Antiguo Testamento, en la cual describe el trono de Dios sostenido por cuatro criaturas con las cabezas de un ángel, un león, un toro y un águila. Otro ejemplo: en el misterio de la anunciación normalmente se representa a la paloma del Espíritu Santo descendiendo sobre la Virgen.
Pantocrátor de San Clemente de Taüll (España)
Expresionismo, en el sentido de que a los artistas plásticos no les interesaba representar una imagen convincente de la naturaleza o imitar el mundo de las cosas visibles, sino al contrario, demostrar sentimientos para hicieran reflexionar a los fieles sobre los dogmas de la iglesia. Esta libertad para violar los canones de la naturaleza, permitió a los artistas medievales plasmar la idea de lo sobrenatural, así por ejemplo, se observa que los ojos y las manos tienen una desproporcionada dimensión en virtud de que son justamente estas partes de la anatomía humana las que representan mayor expresión espiritual.
La pintura era plana, de dos dimensiones (largo y ancho), no existía sensación de fondo, ni se respetaba la perspectiva. La composición era simétrica. Los colores principales eran rojo, amarillo, naranja y azul, aplicados en tonalidades intensas y brillante, el negro se utilizaba para definir los contornos de las figuras.
Fresco de la Iglesia de Saint Aignan, Brinay (Francia)

Pintura mural al fresco.-
Para la ejecución de un mural había primero que preparar el muro sobre el cual se realizaría la obra. Se aplicaban una o varias capas de argamasa y se cubrían con una capa de yeso fina para obtener una superficie lisa y blanca. Luego se añadía una capa de cal húmeda y estando aún fresca se aplicaba la pintura, al secarse la cal, los pigmentos de color quedaban químicamente integrados en la propia pared, por lo que su durabilidad era un éxito. La dificultad de esta técnica, era que los artistas debían trabajar con gran rapidez y precisión, para evitar que la cal se secase antes de terminar la obra.

Basílica de San Anastasio

Pintura sobre tabla.- La técnica utilizada para su ejecución era el temple: se cubría la madera con yeso o lienzo y se aplicaba el color, al cual se le había añadido algún tipo de grasa animal u otras sustancias orgánicas como aglutinante.
“…Según normas antiguas a la hora de emplear clara o yema, hay que saber que la clara da más transparencia y ligereza, siendo ideal para las luces y sectores intermedios. La yema da tonos más oscuros y puede estropearse con más facilidad, es más aconsejable para las sombras siempre aligerarla con algo de clara. (“Wikipedia”)
La pintura al temple, fue sustituida en el siglo XV, por la pintura al óleo.

Cristo Pantocrátor. Frontal de altar pintado al temple sobre tabla, autor anónimo, siglo XII, Museo Nacional de Arte de Cataluña (MNAC), Barcelona